Se convirtió en el payaso, en el pelele de su público, y lo sabía.
Comenzó a odiar su actividad. Y así, sus cuentos se volvían cada vez más
estúpidos o sentimentaloides. Pero eso no dañaba su éxito; al
contrario, se decía que era un nuevo estilo y muchos trataban de
imitarlo. Se convirtió en la gran moda. Pero a Gigi no le causaba
alegría. Ahora sabía a quién se lo debía. No había ganado nada. Lo había
perdido todo.

Pero seguía corriendo con el coche de una cita a otra, volaba en
los aviones más rápidos y dictaba ininterrumpidamente, estuviera donde
estuviera, sus viejas historias, con ropajes nuevos, a sus secretarias.
Según todos los periódicos, era «sorprendentemente fructífero».

Así, Gigi el soñador se había convertido en Girolamo el embustero.

grises-men
.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

You may use these HTML tags and attributes: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>