Como aperitivo, el Anhedónicu nos hace una sublime metáfora sobre culos y pedos. Para luego pasar al platillo principal de la noche, la mente o alma, acompañado de una guarnición de conexiones neuronales, bibliotecas y ligues, aderezado con una pizca de sensualidad. Como postre nos ofrece yogur natural, infusiones y café con leche, pero sin azúcar. Y para que la estimulación sensorial del banquete nos lleve a niveles sinestésicos, nos recomienda asistir en pelotas. Luego nos hace un formateo de cerebro (muy necesario después de semejante experiencia) y nos habla del funcionamiento de los órganos, de la disartria (bueno, no exactamente, porque nos remite a la wikipedia) y del deterioro de las funciones corporales. También nos comparte sus experiencias y traumas de la infancia; que si lloraba por que llegaban tarde a recogerlo a la escuela; que si no le gustaba la lechuga, por eso de las fibras vegetales. Y como no podía faltar el tema de actualidad, nos habla sobre Notre Dame, nos cuenta que nunca la ha visitado, pero que no tiene nada que envidiar a esos sitios turísticos, pues él tiene otros muchos más guapos y naturales justo a pocos metros de su casa, incluso cuenta con su propio resort mil estrellas (o las que puedas contar por las noches) al que denomina “Guarida al Este del Infierno”. Y para cerrar con broche de oro, nos revela la maravillosa noticia de que su Anhedonia cada vez es menor. ¿Será que nos acercamos al fin de una era?

propiocepcion

 

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