LNE OVIEDO

Lecciones del maestro. Guillermo Arenas.

Una de las claves en la temporada del Oviedo es la fortaleza en Pumarín, pabellón que parecía haber perdido su condición de talismán, y que volvió a ser “el mayor factor externo al desarrollo del juego cuya exterioridad es solo tangencial, con lo que siempre hay un punto de conexión con el mismo desarrollo”, por usar terminología más propia de un ilustrado del deporte al estilo de Ángel Cappa.

Pumarín era una caldera. Pero de las de verdad. La temperatura era asfixiante, no percibiéndose apenas la corriente que entraba por las puertas de los fondos, abiertas para la entrada de los espectadores que estrenaban esas sillas de tijera que daban al pabellón un cierto aire de escenario de un mitin político en un polideportivo de finales de los 70. Así pues, el factor externo al juego, tanto el calor humano como el relativo a la temperatura ambiental jugaba de parte de los nuestros. Si cabe más que nunca. Una vez lograda esa comunión entre equipo, afición y pabellón, solamente quedaba ver que nos deparaba el partido.

Primer cuarto: “Nunca se debe atacar por cólera y con prisas. Es aconsejable tomarse tiempo en la planificación y coordinación del plan”, Sun Tzu, El Arte de la Guerra, capítulo 3.

Los tres partidos anteriores habían demostrado que el principio del encuentro, aún siendo importante, no tenía un grado de trascendencia exagerado, al menos en lo que al resultado se refiere. Por eso, el Oviedo salió con ganas, pero quizá sin la tensión que suele mostrar en las segundas partes. Esto permitió que Coruña pudiese contrarrestar los ataques locales (donde sobresalía Spasojevic en ataque por primera vez en un partido de casa). En un cuarto con pocas personales Guillermo comenzó su estrategia de cambiar sin cesar jugadores, como si de balonmano se tratase, sabedor de que la última batalla es la que decide la guerra. Fue un cuarto de juego interior, a la vieja usanza, en el que Cabanas por los visitantes igualaba el rendimiento de los pivots locales, donde la sorpresa agradable fue ver el gran rendimiento de Kevin Van Wijk a pesar de sus problemas físicos. Un cuarto muy igualado que concluyó con tablas 20-20, gracias a una canasta de un especialista en los últimos ataques en partidos de casa como es Ferrán Bassas, quien cada día juega mejor.

Segundo cuarto:

“En situaciones de ataque, vuestro movimiento es rápido y vuestro grito fulgurante, veloz como el trueno y el relámpago, para los que no se puede uno preparar, aunque vengan del cielo”. “El arte de la guerra”, capítulo 4.

El cuarto de correr, de defender a toda pista, de hacer muchas ayudas, de cerrar el rebote (gran importancia aquí la de jugadores como Héctor Macía o Diego Sánchez, especialistas en esos intangibles de las estadísticas, que no entran al rebote muchas veces porque están sacando de zona a un rival.

Bassas que imprime ritmo frenético, Víctor con una velocidad más de lo habitual (también con menos acierto), Álvaro siendo él mismo….y Oviedo que empieza a anotar una y otra vez. Coruña no va a la zaga, pero es más evidente cada vez que el partido se les puede hacer muy largo. En Oviedo juegan diez (serán once cuando entre Garrett en la segunda parte) y en los visitantes ocho. Así, solo el acierto de Ogirri y Cain (hasta entonces desaparecidos) en jugadas individuales permite a los visitantes estar al descanso 3 abajo, frente a un gran Van Wijk, la entrada en escena de Álvaro y unos minutos de intensidad extrema de Agustín Prieto, que siempre sabe levantar al público de sus asientos. Intermedio con 44-41, tres arriba y un apoyo de la grada que hacía suponer que, a poco que se hiciesen las cosas con criterio, el partido caería del lado ovetense.

Tercer cuarto: “La defensa es para tiempos de escasez, el ataque para tiempos de abundancia”. El Arte de la Guerra, capítulo 4.

El loco ritmo del segundo cuarto desapareció en el tercero. La defensa del Oviedo se hizo cada vez más y más visible. Pegándose como lapas en las individuales, corriendo como nunca en las zonas (especialmente en las esquinas, habitual punto flojo en algunos partidos de casa -Orense, Logroño-), por medio de contactos en los bloqueos…., lo que permitió dejar a los visitantes en 11 puntos en el cuarto, por 18 del Oviedo, de los cuales 12 fueron de Álvaro, que en los momentos intensos aparece siempre, y cuyos terceros cuartos en los partidos de Pumarín comienzan a ser dignos de estudio. Se concluye con 62-52, y Cain y Ogirri empiezan a parecer cada vez más vulnerables.

Último cuarto:

“Hacer moverse a los enemigos con la perspectiva del triunfo, para que caigan en la emboscada”.

Sorprendiendo a propios y extraños, aunque no a un servidor tras ver la semana anterior lo que le cuesta a Coruña jugar los últimos cinco minutos, Guillermo Arenas sacó el quinteto menos habitual. Bassas, Prieto, Diego, Garrett y Héctor. ¿Por qué estaban los teóricos emblemas del equipo en el banquillo?. Hay varias razones, y todas ellas lógicas. Una es la de que toda la plantilla sea consciente de la importancia que tiene, y mas al poder llegar una eliminatoria a 5 partidos tras la que se estaba disputando. Otra la de dar descanso a los que tan majestuoso cuarto habían realizado y, sobre todo, para que Tito Díaz se plantease echar el todo por el todo en busca de la remontada. La intensidad de los Macía, Garrett, Prieto..fue ejemplar, y aunque Coruña se puso a uno a falta de 5 minutos, todo apuntaba a que esos minutos se le iban a hacer eternos a los gallegos, sobremanera en ataque, puesto que los defensores del Oviedo estaban frescos y. Además, sin estar cargados de personales. Coruña se había visto como posible ganador, pero ante un quinteto fresco apoyado por el ruido ensordecedor de las gradas se quedó en una simple canasta de ahí a final de partido. 5 minutos para anotar dos puntos. Oviedo ni siquiera necesitó fluidez en ataque, porque nos gusta defender. Toda pista, individuales, zonales (3-2, 1-3-1)…. todo un repertorio del maestro Arenas, que interpretó mejor que nunca la forma de llevarnos a la senda de la victoria. Al final, 76-67 con la mejor versión de Álvaro Muñoz y un gran Spasojevic.

De defensas irá la serie ante Palencia, equipo que parte como favorito pero al que se le ha vencido dos veces y, lo que es más importante, remontándoles las dos ocasiones. El viernes y el domingo nos tocará fuera de casa, y ellos son favoritos, pero que nadie piense que se lo pondremos fácil. Los partidos con Palencia no serán como los de Coruña, pero tenemos un maestro que lo sabrá interpretar.
“Un ejército no tiene formación constante, lo mismo que el agua no tiene forma constante: se llama genio a la capacidad de obtener la victoria cambiando y adaptándose según el enemigo”. El Arte de la Guerra, capítulo 6.

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