El lider de la manada

En una tarde mustia y desabrida de un otoño sin frutos  en el nido de víboras del palacio municipal de deportes “Marta Domínguez “(para cuando un pabellón así en la invicta y puta ciudad de Oviedo) de Palencia. El Unión Financiera Oviedo Baloncesto cayó en la trampa del cazador cazado en el primer cuarto. Entre álamos marchitos y las ruinas de los viejos encinares se produjo la encerrona. El equipo local, solido candidato al ascenso, olio la sangre como lo hace una manada de lobos esteparios y mordió de inicio en la yugular de los nuestros, tiernos, imberbes, domesticados.  El primer cuarto terminaba 16-2 para la manada palentina dejando una sucesión de emboscadas fallidas y tiros que no tocaron ni aro que hacían presagiar la desgracia.

La mente de los homínidos  es abstracta (fundamento de la economía política) pero el resto de los depredadores viven el aquí y el ahora. Mientras nosotros en los estudios centrales de la nave de radio Qkaracha elucubrábamos sobre las infinitas posibilidades y sus causas, el líder de la manada carbayona,  un clarividente que ve en la oscuridad, daba con las teclas que agarraron al equipo a la vida en el segundo cuarto, gracias al apoyo mutuo y la solidaridad extrema de una defensa en zona. Los cachorros sacaban los dientes frente a los Urko Otegui (16p), Miquel Feliu (15p) y compañía, fue el momento de Álvaro Muñoz  (13p) y Víctor Pérez empezaba a afilar los colmillos.

Los lobos son siempre leales a la manada, y como todos los depredadores retienen los gestos del adversario, observan sus hábitos, hasta encontrar el punto débil (el peso del juego interior palentino era notorio). Viven el aquí y ahora y su mente cambia a cada instante siempre atentos a lo imprevisto (el Oviedo Baloncesto nos mostró recursos desconocidos). Los lobos tienen muy desarrollado el sentido de la individualidad, y este era el momento del talento individual y el atrevimiento. En el descanso (32-26) los nuestros lamian sus heridas, olfateaban las esquinas del pabellón y nosotros ya aullábamos embriagados por la posibilidad de llegar con aliento al último cuarto. En el tercer acto hubo  intercambio de golpes y mordiscos que nos podían haber costado la vida, los palentinos las enchufaban todas, los carbayones penetraban a cara de perro, (Víctor Pérez volvió a ser determinante en esos minutos con 4 penetraciones) a falta de una batalla estábamos vivos (54 -44).

El lenguaje de la manada son los gestos y el silencio roto por un rugido, los cachorros desafían la jerarquía y la candidatura a macho alfa de la LEBoro del conjunto palentino. Ellos se resisten, el último cuarto fue una exhibición (15-28) en la que los locales se defendieron con todas sus armas pero no pudieron con los ataques trasmontanos guiados por un imprescindible Cárdenas (34 minutos en pista) a golpe de latigazos casi felinos desde la línea de 3 puntos, Diego Sánchez desde 7 metros nos puso 63-59, Víctor Pérez nos puso de un zarpazo 67-69 (2 arriba) pero quien nos mantuvo en la batalla fue Fitzgerald (alero alto, raza blanca, tirador). Todavía podemos escuchar su eco, es el aullido de los nuestros, su hocico envuelto en la sangre del líder, la manada ruge entre los bosques de la cordillera, son lobos y ya están al acecho de su próxima víctima el Força Lleida en la madriguera de Pumarín.

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