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Hace 26 años, en 1988, el Tradehi Oviedo disputaba su única participación en un playoff de ascenso a la máxima categoría del baloncesto nacional, la hoy llamada ACB.

Muchas cosas han cambiado desde aquellos tiempos. En esa época, las calles estaban repletas de niños jugando partidos por las calles, hubiese o no canastas. Todo ello era posible por dos razones. Una, que había niños por doquier. Otra, que había espacios abiertos donde jugar y hacer el gamberro por donde a uno le apeteciese, lo que hoy parece ser solo posible por las redes.

 

El baloncesto era un deporte de calle. Lo mamabas en el colegio, donde los días de semana que coincidía con partido de la final de la NBA podías ver la cara de sueño cómplice de quienes, como tú, se levantaban a hurtadillas para ver a Magic Johnson, Larry Bird, Julius Erving o Moses Malone.

La Copa de Europa y demás competiciones europeas las solías seguir por la radio o con retransmisiones televisivas que se cortaban cada dos por tres si el equipo español jugaba fuera de casa. Si eras seguidor de algún equipo de una categoría poco relevante, como en aquellos años era mi caso con el Área de Bricolaje (futuro Lostal y fututo Cajacantabria de Torrelavega) no era extraño no enterarte al día siguiente del resultado si el partido era fuera de casa, porque no había forma humana de enterarte el mismo día (no digamos ya el resto de marcadores de la categoría, que habían de esperar a que saliese la basket 16 el miércoles en los kioskos).

Cosas como estas resaltan el enorme esfuerzo que debía hacer un aficionado al baloncesto para poder seguir en condiciones a su equipo o a su deporte favorito. Tanto esfuerzo hacía que te dieses cuenta de lo complicado que puede llegar a ser conseguir grandes proezas deportivas. Y es que es muy complicado realizarlas, mientras que pegársela estrepitosamente es tremendamente sencillo.

Porque lo complicado es hacer las cosas bien, y quizá los que conozcamos este deporte de hace muchos años somos los que mejor sabemos apreciar los casos en los que esto sucede.

En Oviedo tenemos un ejemplo de como hacer las cosas. Una directiva que consigue hacer milagros cuadrando presupuestos a la hora de confeccionar plantillas, tanto por la calidad de muchos de los componentes que hemos visto estos años (en algunos casos,con aciertos espectaculares como Hanley, Juan García, O’Leary, Álvaro Muñoz, Cárdenas, Galick -pese a sus lesiones-,….) como, especialmente, en traer a gente que se implica al máximo en el proyecto, lo que provoca que los jugadores con claras limitaciones parezcan mucho mejores de lo que son, y en esto es clave el papel de los hermanos Macía o Agustín Prieto, que nos enseñan que hace más el que quiere que el que puede.

En la primavera de 1988 estuve en esos playoff de ascenso. El Clesa Ferrol era claro favorito, y nos destrozó. Viniendo de un primer partido en el que nos apabullaron, en el segundo sucedió lo mismo, en gran parte por el favoritismo de los gallegos y, en buena medida también, por el poco apoyo desde la grada. En aquel Clesa había jugadores de primerísimo nivel, muchos de los cuales tenían nivel ACB. El centroafricano Anicet Lavodrama (que llegó a jugar en el Real Madrid), Manolito Aller (uno de los mejores tiradores que había en España sin discusión), Miguel Juane y Ricardo Aldrey (que si mi memoria no falla llegaron a debutar con la selección), Mike Schlegel, una leyenda ya fallecida y que había sido jugador del Tradehi…. Como para no ganarnos. Al igual que nos pasó el último encuentro ante el Burgos, la superioridad rival era enorme. La diferencia respecto a aquellos años es que, por aquel entonces, la grada y el equipo no creían en lo que hacían, y eso hizo que en 1988 buenos jugadores como Victor Anger, Robinson, Campoamor o Herreras, pareciesen peor de lo que realmente eran. En cuanto a las gradas, eran un silencio total, y siempre me quedó desde entonces la espina de que la afición ovetense al baloncesto le debía algo al deporte al que amaba. Parte de eso se lo puede dar este viernes, porque la implicación de los jugadores, y de su excelente técnico (pese a que, como todo buen escribano, tuviera un par de borrones en Burgos y Orense) es absoluta. Es por eso que Pumarín debería ser una caldera este viernes, para tratar de lograr el factor cancha y de recordar a los rivales, en este caso el Huesca, un histórico del aloncesto español, que de Oviedo sólo deberían llevarse como trofeo los bombones de Ovetus con que se obequia a sus jugadores al empezar el encuentro.

¡¡¡A por ellos!!!.

VIERNES DESDE LAS 21:00 EN LAS ONDAS LIBRES 

 

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