UFA OVIEDO BALONCESTO 75 – 61 GRUPO EULEN ÁVILA

Philp Jackson ex – entrenador de los L.A Lackers y Chicago Bulls, sabio de este juego colectivo y vibrante llamado B-A-L-O-N-C-E-S-T-O nos enseño que un equipo “es una relación equilibrada de inter-dependencias”. En el juego el equipo es un imán que provoca que “las aspiraciones individuales se sustituyan por la aportación al juego de los demás”. Este libreto lo conocen todos los entrenadores y es el modelo que todos aspiran a conseguir.

Las relaciones de interdependencia se superponen al entrar en acción un factor indispensable, la lucha por la victoria. La competición. Todos los que probamos este juego conocemos la diferencia de estar jugando con un grupo de colegas o entrenar, y las exigencias, (ese latir del corazón que hace que las dimensiones del campo cambien y que todo suceda como si estuviéramos rebobinado una película de nuestra vida), que la competición genera.

Los dos equipos que se enfrentan, son patas de una misma mesa, formando un único cuerpo. La tendencia natural de los unos y los otros, es acoplarse intentando destruir las virtudes del oponente. Eso sucedió en el primer tiempo. El Oviedo Baloncesto se esforzaba, por contener las piezas del equipo visitante (su jugador Riley Luettgerodt, escolta norteamericano que tiene una media de 19p por partido y ayer tuvo un 0 en valoración secado por Agustín Prieto). El Ávila hizo lo mismo con una defensa asfixiante sobre Cárdenas y cerrándose en la zona haciendo valer su defensa. Esta tensión convirtió el partido en un toma y daca de errores/aciertos lleno de tensión que nos mando al descanso con un marcador igualado (UFA Oviedo 36 – Grupo Eulen Ávila 39).

Provocar que la balanza se rompa. Romper el equilibrio. Esa es la clave en la competición. El arranque del tercer cuarto fue la clave. El equipo Carbayón salió enchufado y dispuesto a poner en acción su libreto (defensa, recuperación, transición rápida. Electricidad). en ese despertar aparecen siempre Cárdenas y Hanley como epicentro. El americano MVP de la competición todo un “situacionista” que explota todas las situaciones de desorden y ruptura del equilibrio. Especialista en las segundas jugadas (12 Rebotes) y la guerra de guerrillas. Esta explosión rompió el partido y hace surgir el talento de algunos compañeros (muy buenos minutos de Pámpano en su regreso) en especial de aquellos de más talento como Adran Macia, el contagio se extiende, la grada (700 espectadores) vibra.

El visitante es azotado por el viento Cantábrico y juega sus últimas cartas desesperadas (Pablo Hernández los mantuvo en el partido). Sin darnos cuenta los jugadores locales empiezan a disfrutar como en el patio del colegio y todos nos dejan algún regalo (un caño de Cárdenas convertido en asistencia, un triple en movimiento de Víctor Pérez, un canastón de Gallick), el partido acaba en una fiesta ,de despedida para Rubén Suarez que se convertirá en otra leyenda urbana de la diáspora asturiana en el exilio, y celebración de la clasificación para la copa que nos permite disfrutar del placer de escribir la historia.

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