equipo

En la capital del Principado hay 13 jugadores que están dando una lección tras otra, semana a semana. Una plantilla seguramente muy inferior a casi todas las de la categoría en base a los salarios y a la trayectoria profesional, pero no cabe duda que la mejor de largo a la hora de demostrar como se compite.

Llegaron a Palencia en tres furgonetas, dispuestos a comerse el mundo tras haber dejado en la cuneta al Leyma Coruña. El objetivo principal era lograr una victoria en el doble enfrentamiento viernes-domingo ante el segundo clasificado de la competición (primero por detrás del todopoderoso Andorra, que de haber tenido un técnico en condiciones debería haber acabado la temporada con un 26-0). La ilusión de los jugadores y entrenadores era enorme, como se vio en el merecido homenaje del pasado domingo en el post-partido con Coruña, pero como en las mejores obras literarias que tratan sobre heroicidades y superación, caso de los clásicos de Homero, siempre se necesita el ingrediente de las dificultades, que haga que los triunfos acaben siendo más recordados si cabe. No tardarían en darse las complicaciones, al perder dos nuevos efectivos, (Van Wijk y Spasojevic) que se añadirían al de Daniel Fitzgerald, que seguramente se despedirá de la afición enfundado en su chandal (no parece probable que pueda jugar de nuevo esta temporada aunque se prolongue). Lo peor de las bajas es que se confirman a última hora, lo que deja al equipo tocado psicológicamente, incluyendo al técnico (algo lógico por otra parte). Eso hace que un muy mal arranque nos deje prácticamente fuera del encuentro, al que no se volvió mentalmente en ningún momento. La paliza del viernes, no por esperada, resultó menos dolorosa. Las malas noticias prosiguieron y, lejos de tener más efectivos para el segundo partido, nos quedamos incluso con otro menos, al contar con otra baja, la de Adrián Macía, jugador que casi no entra en las rotaciones pero que, con el panorama existente, hubiese por lo menos podido dar algo de oxígeno a alguno de los nuestros.

En Radio QK unos minutos antes de empezar y con el estudio lleno (incluyendo entre otros un árbitro, el ex-presidente de un equipo asturiano y un reconocido estadístico) hacíamos cábalas sobre lo que podría pasar, y nadie era negativo al respecto, como si fuésemos conscientes de que los milagros laicos acontecidos toda la temporada no eran fruto de la casualidad. El 27 de abril de 2014, la tarde en la que casi todo el Principado estaba pendiente de lo que acaecía en Miramar, en el Suárez Puerta y en el funesto Carlos Tartiere (que viendo lo que sucede en su terreno de juego desde hace 13 años diríase que está construido sobre un cementerio celta) un puñado de locos estábamos exultantes deseando que empezase ese cinco contra cinco en un precioso pabellón en el que se divisaban varias decenas de aficionados ovetenses en la parte alta del mismo. En el aspecto futbolístico quedó claro enseguida, desgraciadamente, que un nuevo fracaso de los jugadores azules se estaba produciendo, con lo que la única alegría deportiva en una competición importante solamente podría llegar desde el deporte de la canasta, tan ignorado en los medios locales (para la TPA parece no existir, y en el principal diario de la región ni siquiera apareció noticia alguna en la edición de Gijón que un servidor maneja). Así, como se suele repetir que, lo que no sale en los medios no existe, la tribu de Guillermo Arenas tenía ante si una jornada propicia para disfrutar de la no existencia, del no ser del que hablaba Parménides pero, ¿el Oviedo Baloncesto no es?. Pues pese a que los medios de comunicación frecuentemente parezcan querer convencernos de lo contrario, el Oviedo Baloncesto es algo pensable, por lo que el argumento de su no existencia se cae por su propio peso siguiendo al sabio griego. Una vez demostrado por Guillermo Arenas esto a sus jugadores (excepto a Garrett al que prefiere no explicarle nada de esto para no perderlo del todo) salimos a competir, convencidos por Guillermo de que el ser es un todo unitario, que es por ello algo cerrado e indivisible, lo que le confiere de fortaleza. Con esa máxima, salimos como leones, mordiendo en defensa, con un Héctor Macía majestuoso en el cuerpo a cuerpo con Rejón. Con marcas variables frente a Otegui. Si postea allá que va Juan García, si sale allí está Álvaro Muñoz. Cárdenas para bien a Forcada y Víctor seca a Bravo, siendo Feliú y canastas de fuera de Urko Otegui lo único que mete al partido a Palencia tras estar 11 abajo, gracias a nuestro acierto exterior (se empieza a entonar Víctor Pérez) y el primer cuarto que acaba con un 17-18. Sigue la dinámica en el segundo cuarto, en el que por momentos nos volvemos a ir en el marcador (24-30), pero Palencia tiene demasiado nivel, especialmente en la pintura, y consiguen llegar al descanso con un marcador muy igualado, un 35-37 que a todos en el estudio nos parecía bueno, por haber ganado los dos cuartos y, sobre todo, por las sensaciones, que muchas veces son preferibles a las victorias. La duda estaba en el tercer cuarto, que tantas veces nos ha jugado malas pasadas fuera de casa. Palencia comenzó a dar tirones merced a alguna canasta afortunada de Garrido y al buen partido de Urko Otegui. Enfrente, Víctor Pérez se crece y la falta de acierto de otros jugadores (Álvaro, Bassas) o la desaparición en pista de un buen Diego Sánchez (no sabemos si por lesión) sirven junto a un par de canastas de Juan García para mantenernos cara a los últimos diez minutos. Cuando se anota poco hay que morir en defensa, y es lo que propicia que el Oviedo, con solo 12 puntos en el cuarto, se mantenga vivo al dejar en 16 a los palentinos en un 51-49. Pasara lo que pasara, ya sabíamos que había partido, y sería Víctor Pérez de nuevo en ataque, junto a la plantilla al completo en defensa, los que nos hicieron soñar durante mucho tiempo, particularmente cuando mediado el cuarto llegamos a estar igualados. Pero los partidos igualados se deciden en pequeños detalles, y algunas pérdidas de balón o malas selecciones de tiro permitieron que Palencia se llevase el encuentro, que tuvimos a punto de prórroga de haber entrado un triple de Víctor Pérez a falta de 4 segundos para el final. El mejor partido del sevillano en el mejor partido fuera de casa del equipo, y seguramente en defensa el mejor de toda la temporada. Un 2-0 podría parecer que deja el playoff muy difícil para los nuestros pero todo el que haya visto el encuentro y conoce lo que es Pumarín sabe que igualar esta serie es perfectamente posible. Los jugadores han dado muestras sobradas de que lo van a intentar, queda esperar que el público esté ahí más fuerte que nunca porque, de ser así, este equipo es casi imbatible.

Y así estamos, deseando que llegue el viernes para que nos enamoren de nuevo.

 

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

You may use these HTML tags and attributes: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>