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En el mundo del arte, en cualquiera de sus variantes, hay diversas posibilidades de análisis en una obra. Una puede ser analizarla en relación a elementos sociales, también en base a lo que se estila en ese momento (lo que hoy llamaríamos “moda”), pero por encima de todos los análisis suele predominar el de la apariencia, lo que llamaríamos un análisis formalista. Ese tipo de análisis te suele dar unas claves que te hace descubrir que determinadas obras, aún no siendo conocidas por quien la contempla, son inmediatamente adjudicadas a tal o cual artista, pues conserva rasgos que le son propios y que son, en ocasiones, personales e intransferibles.

Si aplicamos esto al deporte podemos obtener una lectura igual para lo que sucedió el último partido del Oviedo Baloncesto. En Pumarín llevamos un año disfrutando de los logros de nuestro equipo. Esos logros se deben, en gran parte, a la personalidad del equipo, y en buena parte de su maestro creador, Guillermo Arenas que, como si se guiase por los tratados de Vitruvio, parecía tener un manual de estilo perfectamente definido, que servía lo mismo para un tipo de partidos que para otros, de igual modo que las enseñanzas del teórico romano servían para construir acueductos, basílicas o termas.

En las artes, al igual que en otros aspectos de la vida, además del talento propio, ayuda mucho lo que es la prueba y error, así como el fijarse en influencias de otras personalidades de talento indiscutible. Por Oviedo pudimos ver una primera exhibición del maestro Casadevall, pero hay que reconocer que, sin quitarle mérito al arquitecto del conjunto burgalés, tenía tan buenos materiales que es complicado que el resultado deseado no sea obtenido. Guillermo no tiene mármol de Carrara como aquel, sino solamente la posibilidad de usar materiales sencillos, pero de manera eficaz.

Desde aquel día es como si el talento innato del maestro ovetense se hubiese quedado estancado, pero el viernes recibió una lección que puede ser extremadamente útil.

Un tipo llamado Joaquín Costa, que nada tiene que ver con el regeneracionista pese a su nombre, nos enseñó como, con materiales modestos, se puede construir un armazón absolutamente robusto. Recuerdo a Joaquín en su época de jugador, tanto en Girona, donde acabó siendo un símbolo al modo de Creus en Manresa como, sobre todo, en Barcelona. Por aquel entonces yo no llegaba a entender por que motivo alguien como el jugaba tantos minutos. Era el base reserva de un equipo estupendo, plagado de jugadores que hoy son leyendas para los que vivimos los 80 en su esplendor. Juan Antonio San Epifanio, el hombre que, además de tirar como nadie desde las esquinas, valía para anunciar Adidas o la Nocilla. Chicho Sibilio, el simpático dominicano que clavaba triples sin parar, y que hizo que muchos niños renegaran del Nesquik cuando este empezó a anunciar Cola-Cao.

Audie Norris, que reboteaba como nadie, convirtió sus duelos con FM (Fernando Martín) en los mejores de la historia del baloncesto español, y que acabó enseñándonos que los problemas recurrentes en las articulaciones nada tenían que ver con la edad. Y como estos, muchos más jugadores, caso de Nacho Solozábal, un tipo cabal y que era el base titular del equipo. El sustituto de Solozábal era Joaquín. Un jugador peor anotador, mucho peor asistente, con un estilo extraño de tiro, en ocasiones marrullero en el juego. Ningún niño quería ser como Costa. Ahora, recordando aquellos años, entiendo que para apreciar las cualidades de Joaquín había que ser mayor, y tener mucho más baloncesto mamado. Porque ese tipo estéticamente mejorable era una de las claves en el rendimiento de conjunto. Como no tenía los dones del resto de sus compañeros, lo suplía todo a base de entrega, y de inteligencia que se incrementaba año a año debido a su capacidad de autoaprendizaje. Quizá sea el mejor defensor que haya visto en España, pero de niño nadie quiere ser un jugador defensivo. Por eso nadie quería ser Michael Cooper el de los Lakers, o Joaquín Costa en el Barcelona. Hoy Joaquín Costa ha logrado que Huesca sea un equipo que juega por encima de sus posibilidades, porque cuando no se tiene el talento del enemigo, es el espíritu de superación y la explotación de las debilidades ajenas lo que logra el éxito. Joaquín fue el viernes un auténtico maestro. Sun-Tzu o Clausewitz lo hubieran admirado de ver su planteamiento valiente, que nos desarmó. Pese a ello, hay que quedarse con dos cosas buenas. Una es que nos mostró todos nuestros defectos, y cuando eso ocurre, si lo sabes aprovechar puedes pasar a ser mucho más fuerte. Lo otro positivo es que, si Guillermo Arenas, que era (y es) una de las claves de nuestros éxitos, puede ver que, si das a los tuyos la personalidad y valores que tienes, se puede triunfar. Los jugadores de Huesca juegan como lo haría Joaquín Costa (excepto Grigonis, que es talento puro). Los de Oviedo deben volver a jugar como lo haría Guillermo, es decir, que tengan su ilusión, meticulosidad y respeto por el rival. Si se da eso, se puede ganar hoy en Logroño y darnos alegrías en el playoff.

Por mi parte, tengo mono de baloncesto. Como seguro lo tendrá Joaquín Costa y como, espero, lo tenga nuestra plantilla al completo en el día de hoy.

Y por si el que pone la música en Pumarín llega a leer esta crónica, le planto dos peticiones. La primera: No se puede empezar la ronda de temas con el “Wake me up when september ends” de Green Day. La liga empieza en octubre, y no queremos estar dormidos hasta entonces. La otra, que el tema previo al comienzo de los partidos o, en algún tiempo muerto, suene esto. No creo que nada motive más.

 

Hoy viernes a partir de las 21h Carrusel de la Última Jornada de la LeB Oro en Radioqk Uvieu Asturies (107.3 FM o www.radioqk.org ), la Radio del Balonceto en Oviedo con especial atención por supuesto al Rioja – Oviedo Club Baloncesto y al Ourense-Coruña, El quinto puesto será nuestro.

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