[…] el curso del mundo está trastornado. El que se adapta cuidadosamente a él, por lo mismo se hace partícipe de la locura, mientras que sólo el excéntrico puede mantenerse firme y poner algún freno al desvarío. (Theodor W. Adorno, Minima moralia)

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    En esta nueva sesión, Michel Suárez –editor de la revista Maldita Máquina– nos presenta con rápidos y certeros trazos la vida y obra de Simone Weil (1909-1943), una mujer incómoda y estrafalaria, o una mujer que intentaba ver claro en tiempos ominosos y turbulentos.

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    De las aulas de filosofía a las fábricas de automóviles, de los campos de Marte y los hospitales a las intimaciones místicas, la frágil e inquieta Simone fue en busca de enseñanzas ignoradas y virtudes periclitadas, a contrapelo de los progresos de la civilización de la máquina.

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    Las luchas de Simone pueden revelar su sentido a partir de dos cualidades que siempre le preocuparon y a la postre la harían incómoda tanto a derecha como a izquierda del espectro político: la compasión (que en definitiva no es sino la pasión con los otros, la pasión común) y la atención (que veía destruida por las constricciones de la sociedad mecanizada).

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    A lo largo de su relato, nuestro invitado va hilando las reflexiones y vivencias de Simone con nombres de coetáneos como Alain (que fue su profesor de filosofía), George Orwell (otra oveja negra, muy dispar, con quien no llegó a encontrarse ni en Cataluña ni en Londres), Simone de Beauvoir (con quien coincidió en las aulas como estudiante), Raymond Aron (casado con otra compañera de estudios suya), Boris Souvarine (marxista que compartía sus críticas a la U.R.S.S. y alabó su inteligencia), Harry Braverman (estudioso de la degradación del trabajo), Jacqueline de Romilly (que como ella halló fuente de inspiración en la antigua Grecia), Stefan Zweig (que tampoco sobrevivió a los años de la guerra), Georges Bernanos (que recibió de ella una misiva conmovedora) o Albert Camus (que se preocupó por la edición póstuma de su dispersa obra). Asoman también Isabel Escudero (quien llamó la atención de Michel sobre nuestra protagonista) y Alfonso Berardinelli (que la considera el mayor filósofo del siglo XX). Y no podían tampoco dejar de aparecer nombres de clásicos como Marco Aurelio, Lucrecio, Descartes o Montaigne.

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    Al grueso de los citados los ve nuestro invitado formando una suerte de República de las Letras, más allá de adscripciones doctrinarias y líneas políticas de partido; muchas veces (como en el caso de Weil) son voces de muertos, pero merece la pena atenderlas, pues con todo suenan ciertamente más vivas que las de muchos de los que oficialmente no puede certificarse aún el deceso.

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    Aderezan la exposición algunas anécdotas de la propia experiencia de Michel que muestran curiosos azares que le sucedieron en relación con esa vislumbrada República de las Letras. Ese mismo hilo le lleva a lamentar la decadencia del oficio de librero ante los nuevos gigantes del comercio y la distribución, y a preguntarse por qué tipo de lector va a quedar de proseguir esta tendencia.

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     El compañero del programa “Anábasis”, presente en el estudio, señaló alguna limitación de los planteamientos de Weil en relación con sus apuntes titulados La condición obrera. En fin, en próximas sesiones volveremos sobre Weil y trataremos de seguir profundizando en su lectura.

    Por último, vaya nuestro agradecimiento y aliento a la asamblea de carteros de Oviedo, responsables de un cálido encuentro donde, días atrás, pudimos escuchar ya una espléndida presentación de Simone Weil por parte de Michel.

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