Siempre he sabido que soy un extraño, un extraño a este siglo y a todos los que aún son hombres” (Howard Phillips Lovecraft).

  08. lovecraft4

        La radio en la biblioteca rescata una emisión de 2017 en torno a las inquietantes fabulaciones e ideas de H. P. Lovecraft (1890-1937), exponente fundamental del moderno terror cósmico.

        ¿Por qué ocuparnos de un autor con fama de antipático y esnob, que profesó ideas políticas escandalosamente reaccionarias, cultivó un género considerado menor y durante toda su vida vio sus publicaciones relegadas al circuito de los periódicos de aficionados y de las revistas pulp?

        Para esbozar algunas respuestas a esa pregunta nos acompañó en el estudio Roberto García Álvarez, autor de la primera biografía de Lovecraft originalmente escrita en esta lengua: H. P. Lovecraft, el caminante de Providence.

        Editada en 2016 por el sello malagueño Gasmask, esta biografía toma en cuenta toda una serie de escritos de no ficción habitualmente ignorados o desdeñados al considerar la obra de Lovecraft –desde su voluminosa correspondencia hasta sus colaboraciones en el ámbito del periodismo aficionado en forma de versos, artículos y ensayos–, y se esfuerza por desentrañar en ellos las claves de un pensamiento filosófico que no puede ignorarse sin tornar incomprensibles tanto su obra literaria como su propia vida.

        La biografía de Lovecraft que venía siendo la referencia principal entre las traducidas a esta lengua –la escrita por Sprague de Camp en los años setenta– no sólo ha quedado un tanto rezagada ante las indagaciones de nuevos estudiosos surgidos desde entonces, sino que propendía a crear un personaje desagradable en lugar de encarar a la persona con sus luces y sombras, confundiendo la crítica con las malas tripas; esa imagen que dibujaba y que acostumbra a circular todavía de un Lovecraft odioso, maníaco y ajeno al mundo la cuestiona Roberto García desde el mismo título de esta nueva biografía, que sustituye la clásica referencia al “solitario de Providence” por la menos equívoca del “caminante de Providence”.

C50256808

***

        Frente a la literatura edificante y frente al realismo anodino que copaban el mercado editorial, Lovecraft reivindicaba la profundidad y el porvenir del género fantástico de terror:

        La emoción más antigua y más intensa de la humanidad es el miedo, y el más antiguo y más intenso de los miedos es el miedo a lo desconocido. Pocos psicólogos pondrán en duda esta verdad; y su reconocida exactitud garantiza en todas las épocas la autenticidad y dignidad del relato de horror preternatural como género literario. Contra él se disparan todos los dardos de una sofistería materialista que se aferra a emociones frecuentemente experimentadas y a sucesos externos, y los de un idealismo ingenuamente insípido que desdeña el móvil estético y reclama una literatura didáctica que “eleve” al lector hacia un grado conveniente de optimismo bobalicón. Pero pese a esta oposición, el relato preternatural ha sobrevivido, se ha desarrollado, y ha alcanzado cotas notables de perfección, dado que se funda en un principio profundo y elemental cuyo atractivo, si no siempre universal, debe ser necesariamente intenso y permanente para las mentes dotadas de la necesaria sensibilidad. (H. P. Lovecraft, El horror en la literatura)

189bbf4d0df4dea605188ef1e7d213b9

        A pesar de la continua inseguridad sobre la calidad y originalidad de lo que escribía (“Veo mis partes de Dunsany y veo mis partes de Poe, pero ¿dónde están mis partes de Lovecraft?”) y pese a sus dificultades para publicar y ser reconocido (en vida tan sólo llegó a ver una de sus obras editada en forma de libro), poco a poco iría madurando un mundo y un estilo propios y encontrando un círculo de seguidores entre sus compañeros en el medio del periodismo aficionado, un lugar adecuado para alguien que concebía la escritura como una elegante actividad libre de imposiciones comerciales. Y aquí estamos décadas después recordándole nada menos que en una radio libre, lo cual no puede sonar del todo extraño.

***

        En las narraciones de Lovecraft los protagonistas suelen acabar perdiendo la cordura al confrontar innombrables revelaciones y arcanos malditos; un mundo de pesadilla emerge ominosamente resquebrajando las reglas del orden cotidiano y amenazando al individuo que ha dado para su desgracia con ciertos conocimientos perturbadores.

        A mi juicio, no hay cosa más digna de compasión en este mundo que la incapacidad de la mente humana para poner en relación todo su contenido. Vivimos en un apacible islote de ignorancia en medio de tenebrosos mares de infinitud, pero no fuimos concebidos para viajar lejos. Hasta el momento las ciencias, cada una siguiendo su propia trayectoria, apenas nos han reportado mal alguno. Pero el día llegará en que la reconstrucción de los conocimientos dispersos nos pondrá al descubierto tan terroríficas panorámicas de la realidad, y de la pavorosa situación que ocupamos en las mismas, que o bien nos volveremos locos ante semejante revelación o huiremos de la luz mortal en pos de la paz y salvaguardia de una nueva era de tinieblas. (H. P. Lovecraft, La llamada de Cthulhu)

        El miedo que propician estas narraciones no proviene ya de la aparición de ululantes fantasmas o tétricos sacamantecas, no es el terror sorpresivo del susto ni lo suscita la simple amenaza a la integridad física… En esos casos, el miedo no es más que un sentimiento pasajero ante una amenaza (sobrenatural o no) que, al desaparecer, devuelve a quien lo padeció a su tranquilidad familiar. Pero en el mundo de Lovecraft una vez vislumbrado el horror ya no hay paz para el alma. Pues aquí de lo que se trata es de la quiebra de las reglas humanas instituidas en el escenario de un universo indiferente y amoral, lo que aquí se nos revela es la insignificancia de una Humanidad sin dioses perdida en la vastedad de esos espacios infinitos que aterraban a Pascal.

01. Cthulhu_sketch_by_Lovecraft

        Con la creación de los mitos de Cthulhu y toda su parafernalia de invocaciones, libros ocultos, ciudades sumergidas y razas prehumanas, podría parecer que el descreído Lovecraft hubiera caído en la necesidad de forjar una suerte de culto sustitutivo de la religión (¡él, que al escuchar de niño las historias de los mártires se ponía invariablemente del lado de los leones!). Pero mientras que los mitos divinos, sean de la cultura que sean, tratan de explicar el universo colocando a la humanidad en el centro del mismo, la mitología de Lovecraft la desplaza de ese lugar de privilegio. Y, por otra parte, al contrario de los sacerdotes y feligreses, él nunca creyó en la literalidad de sus ficciones (por más que ciertos seguidores con veleidades esotéricas sí llegaran a tomarlas como realidad, postulando, por ejemplo, la existencia de un auténtico Necronomicón, el libro al que Lovecraft aludía en algunos de sus relatos como obra de Abdul Alhazred, el árabe loco).

nesting

        Poco antes del nacimiento de Lovecraft, un filósofo alemán se había hundido en la locura tras anunciar la muerte de Dios. También él había mirado fijamente al abismo:

        En algún apartado rincón del universo centelleante, desparramado en innumerables sistemas solares, hubo una vez un astro en el que animales inteligentes inventaron el conocimiento. Fue el minuto más altanero y falaz de la “Historia Universal”: pero, a fin de cuentas, sólo un minuto. Tras breves respiraciones de la naturaleza el astro se heló y los animales inteligentes hubieron de perecer. Alguien podría inventar una fábula semejante pero, con todo, no habría ilustrado suficientemente cuán lastimoso, cuán sombrío y caduco, cuán estéril y arbitrario es el estado en el que se presenta el intelecto humano dentro de la naturaleza. Hubo eternidades en las que no existía; cuando de nuevo se acabe todo para él no habrá sucedido nada, puesto que para ese intelecto no hay ninguna misión ulterior que conduzca más allá de la vida humana. No es sino humano, y solamente su poseedor y creador lo toma tan patéticamente como si en él girasen los goznes del mundo. Pero, si pudiéramos comunicarnos con la mosca, llegaríamos a saber que también ella navega por el aire poseída de ese mismo pathos, y se siente el centro volante de este mundo. Nada hay en la naturaleza, por despreciable e insignificante que sea, que, al más pequeño soplo de aquel poder del conocimiento, no se infle inmediatamente como un odre; y del mismo modo que cualquier mozo de cuerda quiere tener su admirador, el más soberbio de los hombres, el filósofo, está completamente convencido de que, desde todas partes, los ojos del universo tienen telescópicamente puesta su mirada en sus obras y pensamientos.

        Y un poco más adelante en ese mismo escrito, el abismo devolvía la mirada al filósofo y revelaba cómo por debajo de la conciencia pululaba el mismo caos sin gobierno del exterior:

        En realidad, ¿qué sabe el hombre de sí mismo? ¿Acaso no le oculta la naturaleza la mayor parte de las cosas, incluso su propio cuerpo, de modo que, al margen de las circunvoluciones de sus intestinos, del rápido flujo de su circulación sanguínea, de las complejas vibraciones de sus fibras, quede desterrado y enredado en una conciencia soberbia e ilusa? Ella ha tirado la llave, y ¡ay de la funesta curiosidad que pudiese mirar hacia fuera a través de una hendidura del cuarto de la conciencia y vislumbrase entonces que el hombre descansa sobre la crueldad, la codicia, la insaciabilidad, el asesinato, en la indiferencia de su ignorancia y, por así decirlo, como soñando a lomos de un tigre!

03. Nietzsche and his sister, 1899

        Imbuido de las lecturas de Nietzsche y Schopenhauer y aceptando un tanto a su pesar los hallazgos del psicoanálisis de Freud, Lovecraft no podía menos que reconocer que “la así llamada alma ha perecido en manos del análisis”.

***

        Para Cornelius Castoriadis lo que es no es un conjunto o un sistema de conjuntos de elementos determinados, sino “caos, abismo o lo sin fondo”. Y ese mismo caos caracteriza la sociedad y la psique humana. Para este pensador, las infinitas variedades de sociedades que registra la historia son creación ex nihilo de la imaginación; la sociedad es siempre autoinstitución (entendiendo “institución” del modo más amplio posible: no sólo leyes y órganos de gobierno, también valores, lenguas, costumbres, formas de educación, relaciones entre sexos, etc.), pero por lo general esta institución no es reconocida como tal, sino atribuida a elementos extra-sociales, ajenos a la actividad de la gente. El caos queda usualmente velado y conjurada la puesta en cuestión de todo lo instituido, pero esta ocultación no puede menos que ser imperfecta.

        En las profundidades del ser hay cierta indeterminación, corolario de su fuerza de creación de la que las infinitas capas del cosmos son las determinaciones sucesivas. La institución de la sociedad apunta también a ocultar este caos, y a crear un mundo para la sociedad, y lo crea, pero en esta creación es imposible evitar que haya agujeros, grandes conductos a través de los que el caos se torna evidente.

        Atendiendo a estas consideraciones, podremos vislumbrar el poder subversivo de las narraciones de Lovecraft en tanto que “conductos a través de los que el caos se torna evidente”, pero también atisbaremos el conflicto que debía de presentarse en su cabeza y que explica la contradicción entre su espíritu iconoclasta y sus posiciones políticas reaccionarias.

finlay_lovecraft

        Soy, como ves, una especie de híbrido entre el pasado y el futuro; arcaico en mis gustos, emociones e intereses, pero tan científicamente realista en filosofía que no puedo soportar ningún punto de vista intelectual que no se halle ya en el plano más avanzado.

        El escéptico audaz que era Lovecraft no podía dejar de mirar lúcidamente las ilusiones humanas, pero no encontraba otra manera de afrontar el vacío que se le abría al disolverlas que aferrarse ciegamente a la tradición, a un clasismo aristocratizante y a la defensa de las culturas como mundos estancos, preservados de cualquier contaminación extranjera que amenazara su orden:

        Dado que el cosmos está tan vacío de sentido, estamos obligados a garantizar nuestros ilusorios valores personales, sentido e interés para mantener la corriente de espejismos salvadores que llenan nuestro mundo. Es por esto, dado que nada significa nada en sí mismo, que debemos preservar la familiar y arbitraria herencia que convierte las cosas alrededor de nosotros en algo con un significado. En otras palabras, o somos ingleses o no somos nada.

        El miedo a lo desconocido (“el más antiguo y más intenso de los miedos”) es miedo de perderse uno en el sinfín de las posibilidades, miedo a perder la seguridad de su ser. Y es por tanto miedo del otro, del diferente, del extranjero, en tanto amenazan con comprometer la seguridad de ese ser. Como señalaba Agustín García Calvo, eso desconocido, por otro lado, no se presenta sin más como meramente desconocido, sino que se toma como si se conociera y se le atribuyen los horrores, violencias y estropicios que no se han visto por ninguna parte salvo en la normalidad de la sociedad administrada.

        En la misma época en que el emigrado Theodor W. Adorno investigaba en Estados Unidos las tendencias favorables al fascismo en la población americana, Lovecraft profesaba un racismo recalcitrante y llegó incluso a mostrar cierta simpatía por la emergencia nazi, si bien era muy consciente de lo lejos que estaba de poder encajar en regímenes semejantes.

        Sin embargo, el hecho de que unos veinticinco o treinta años después de su muerte la contracultura de los sesenta encontrara en él una fuente de iconoclasia, puede hacernos sospechar que había en él un pensamiento más complejo y matizado, o más contradictorio, de lo que se ha presentado muchas veces. Rafael Llopis señalaba en los primeros años setenta:

        […] las clases burguesas decadentes no sólo no leen a Lovecraft, sino que se escandalizan ante su obra, que consideran malsana, brumosa e intolerable, para defenderse de la honda turbación que les produce y de la amenaza que supone para sus esquemas mentales. Quienes leen a Lovecraft son los jóvenes, aproximadamente los mismos jóvenes que leen a Hermann Hesse, a Marcuse o a Jack Kerouac. El burgués pío y biempensante se horroriza ante una literatura que, sin pretenderlo en absoluto su autor, resulta perfectamente corrosiva para los fundamentos de su pensamiento tradicional.

06. cthulhu_rises_by_silberius-d7mlm8d

        El mismo Llopis sostenía que en la literatura de Lovecraft se hallaría preservada la posibilidad de vivenciar lo numinoso, intensamente reprimido por el racionalismo mecanicista de la sociedad industrial, y tomaba la experiencia de su lectura como una suerte de equivalente del viaje iniciático y de las experiencias psicodélicas, llegando a proponer la alternativa “H.P.L.” (Howard Phillips Lovecraft) frente al L.S.D., una opción más inocua que el ácido desde el punto de vista toxicológico, aunque no necesariamente menos peligrosa.

        De acuerdo con Walter Benjamin, “la verdadera superación creativa de la iluminación religiosa no se encuentra desde luego en los estupefacientes, sino en una específica iluminación profana de inspiración materialista, antropológica, de la que el haschisch, el opio u otra droga no son más que escuela primaria”. Pues bien, los relatos de Lovecraft pueden servir de llave onírica para entrar en otros mundos (para asomarse fuera de la realidad), pero por más que esto pueda recordar a las experiencias místicas, este viaje transcurre sin embargo en un plano estrictamente estético, y según advierte Llopis “la estética es una magia que se sabe puramente subjetiva”, o dicho con la espléndida fórmula de Adorno: “el arte es magia liberada de la mentira de ser verdad”.

13713722c55ed148c87fa568d6e565d6

        Las consideraciones de Rafael Llopis aquí comentadas se encuentran en un prólogo verdaderamente sugerente al ciclo de aventuras oníricas de Randolph Carter. Merece la pena recordar además que Llopis es autor de Historia natural de los cuentos de miedo, un valioso estudio acerca de la literatura de terror rescatado hace unos años de un largo olvido gracias a una edición actualizada que atesoramos en la BiblioteQK.

        En cuanto a Lovecraft y la cuestión política, además de las interesantes observaciones que aporta al respecto Roberto García en su biografía, no se puede dejar de recomendar El horror de Neoamérica. Lovecraft político, un esclarecedor artículo de Diego Luis Sanromán –a quien, dicho sea de paso, pudimos escuchar en esta radio en cierta ocasión (Anábasis #97: Impostura y subversión)–.

***

        Roberto García señala que el tipo de terror concebido por Lovecraft no podía menos que encontrar una especial fuerza y sentido a partir del siglo XX. Tras las heridas infligidas al orgullo humano por Copérnico –que nos desplazó del centro del universo–, por Darwin –que nos hizo perder nuestro estatus de especie divina para ser unos animales entre otros– y por Freud –que desveló la irracionalidad en nuestro propio interior– en la época de Lovecraft el progreso de la sociedad de masas y la civilización de la máquina continuó trastocando radicalmente la experiencia humana.

10. hEQdfhI

        Hechos como la IIª Revolución Industrial, la Iª Guerra Mundial, el romanticismo, el fin del mundo como misterio al estar totalmente explorado, la crisis económica, la inmigración masiva o la Revolución Rusa descolocaban más al hombre en un periodo inferior a cien años que todos los sucesos del milenio anterior. Ni siquiera el descubrimiento de América supuso un mazazo tan fuerte a la autoestima del ser humano como la suma de acontecimientos, progresos y regresos que tuvieron lugar en el mundo a partir de 1850. (Roberto García: H. P. Lovecraft. El caminante de Providence)

        No es de extrañar entonces que el eco de Lovecraft resuene con fuerza hoy en día en todo tipo de producciones, ya sean literarias, fílmicas, musicales o de otro tipo. Rafael Llopis consideraba la obra de Lovecraft como cima del relato materialista de terror y punto de viraje del viejo cuento de miedo hacia la ciencia-ficción moderna, pero su influencia no se limita tan sólo a estos géneros ni a sus entrecruzamientos. En algunos casos la huella de Lovecraft es inequívoca aunque no aparezca de forma explícita, en otros casos puede no haber relación directa, pero es innegable la confluencia en ideas o atmósfera. Así, en películas como 2001, odisea en el espacio y la saga de Alien o en series como True detective o incluso Twin Peaks se puede entrever más o menos difuminada la larga sombra del caminante de Providence.

2001odiseadelespacio

***

        En su biografía de Lovecraft, Roberto García incluye una página con las personas a quienes dedica el libro. La última dedicatoria reza así:

Y, especialmente, a todos los de “¿Quién es Lovecraft?” y “Por qué Lovecraft?”

Algún día lo sabréis.

10. cthulu

BIBLIOGRAFÍA LOVECRAFTIANA DISPONIBLE EN LA BIBLIOTEQK

Obras de ficción narrativa de Lovecraft:

- El caso de Charles Dexter Ward – Alianza Editorial, 2016.

- Dagon y otros cuentos macabros– Alianza Editorial, 2014.

- En la cripta – Alianza Editorial, 2013.

- En las montañas de la locura – Valdemar, 2015.

- La habitación cerrada y otros cuentos de terror – Alianza Editorial, 2013.

- El horror de Dunwich – Alianza Editorial, 2015.

- Los mitos de Cthulhu [con otros autores]– Alianza Editorial, 2011.

- El sepulcro y otros relatos – Júcar, 1982.

- Viajes al otro mundo: Ciclo de aventuras oníricas de Randolph Carter – Alianza Editorial, 2014.

Obras ensayísticas de Lovecraft:

- Confesiones de un incrédulo y otros ensayos escogidos – El Paseo Editorial, 2018.

- El horror en la literatura – Alianza Editorial, 1998.

Versos de Lovecraft:

- Hongos de Yuggoth y otros poemas fantásticos – Valdemar, 2010.

***

Los precursores. Una selección:

BLACKWOOD, Algernon: Los sauces – Hermida Editores, 2017.

CHAMBERS, Robert W.: El Rey de Amarillo. Relatos macabros y terroríficos – Valdemar, 2017.

DUNSANY, Lord: Cuentos de un soñador – Alianza Editorial, 1987.

HODGSON, William Hope: La casa en el confín de la Tierra – Valdemar, 2017.

MACHEN, Arthur: El gran dios Pan y otros relatos de terror – Valdemar, 2015.

NIETZSCHE, Friedrich: Sobre verdad y mentira en sentido extramoral – Tecnos, 1990.

NIETZSCHE, Friedrich: Más allá del bien y del mal – Alianza, 2005.

POE, Edgar Allan: Cuentos 1 – Alianza Editorial, 2010.

POE, Edgar Allan: Cuentos 2 – Alianza Editorial, 2010.

SCHOPENHAUER, Arthur: El mundo como voluntad y representación, 1 – Alianza, 2010.

SCHOPENHAUER, Arthur: El mundo como voluntad y representación, 2– Alianza, 2010.

***

Los herederos. Una selección:

BUESO, Emilio: Extraños eones – Valdemar, 2014.

CLARKE, Arthur C.: 2001, una odisea espacial – DeBolsillo, 2003.

LIGOTTI, Thomas: Noctuario. Relatos extraños y terroríficos – Valdemar, 2018.

LIGOTTI, Thomas: La conspiración contra la especie humana – Valdemar, 2015.

MAROTO, Esteban: Los mitos de Cthulhu de Lovecraft– Planeta, 2016.

MOORE, Alan: Neonomicón – Panini Cómics, 2011.

MOORE, Alan: Providence: El miedo que acecha – Panini Cómics, 2016.

MOORE, Alan: Providence: El abismo del tiempo – Panini Cómics, 2016.

MOORE, Alan: Providence: Lo innombrable – Panini Cómics, 2017.

SOLAR, Aitor: La fuente de las tinieblas. Relatos suburbanos de los mitos de Cthulhu – Edge Entertainment, 2016.

STROSS, Charles: El archivo de atrocidades – Insólita Editorial, 2017.

VV. AA.: True detective. Antología de lecturas no obligatorias – Errata Naturae, 2014.

***

Estudios sobre Lovecraft:

GARCÍA ÁLVAREZ, Roberto: H. P. Lovecraft. El caminante de Providence – GasMask Editores, 2016.

HERNÁNDEZ DE LA FUENTE, David: Lovecraft. Una mitología – Materia Oscura, 2017.

***

Estudios sobre la literatura de terror:

LLOPIS, Rafael: Historia natural de los cuentos de miedo – Ediciones y Talleres de Escritura Creativa Fuentetaja, 2013.

One thought on “La radio en la biblioteca # 8: Lovecraft, una ventana al caos

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

You may use these HTML tags and attributes: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>