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La esperanza es un estimulante vital muy superior a la suerte, nos decía Nietzsche, quizás el mayor talento de occidente, en unos de sus cuadernos manuscritos que dicto encerrado en su cabaña sobre los precipicios alpinos. Su obra estaba reflejada en esas montañas y su palabras eran un espejo, a veces profundas y densas como los valles y sus gargantas, otras veces brillantes y altivas como las crestas llenas de aristas de la cordillera. Pumarín es como una academia donde la filosofía brota en la interacción de las infinitas posibilidades que se dan en este juego que llamamos baloncesto. Ayer sobre el terreno ya mítico del parqué estrellado triunfo la voluntad de poder

La suerte por tanto solo favorece a las mentes preparadas a priori, ayer tuvimos suerte pero también pudimos dejarnos caer seducidos por la mala suerte. El equipo salió enchufado (8-0) conectado a su juego más eléctrico, descargas de intensidad defensiva más velocidad y ataques en segunda oleada con algunos jugadores como Diego Sánchez (2 triples) que vive en el eterno retorno, cada día mas alto, más joven, mejor jugador. La clave de este juego de  corrientes alternas y dientes de sierra esta en el rebote defensivo y la fortaleza interior que se vio amenazada por tres factores, la lesión en una razia  de Van Wijck, las bajas de Fitzgerald y Héctor Macia y la inconsistencia de Garret cuya influencia en el juego colectivo, ayer una vez más, sumo en negativo y permitió un parcial del Clavijo de (17-0). Estábamos al borde del precipicio cuando apareció desde el banco un soberbio Adrian Macia demostrando su clase y buena mano que nos mantuvo vivos y dentro del partido (24-20) al fin del primer cuarto.

Más allá del deseo de vivir, de la necesidad de seguir con aliento, existe un mundo previo y profundo anterior a esa fuerza que descansa en nuestro interior y que llamamos voluntad. Un mundo imperfecto y árido, el mundo de los instintos, las pulsiones, y afirmaciones, que en un equipo cristalizan en el reparto de minutos sobre la cancha, consecuencia de un complejo juego de causas y efectos, (vuelve Van Wijck y nos ponemos 39-30 con un buen parcial). Tras el descanso (42-40) el partido se convierte en una curva de desniveles, en la que nos cuesta muchísimo anotar, con quintetos poco habituales, y un juego lleno de tiros exteriores forzados, mientras el Clavijo nos hace daño percutiendo sobre la fortaleza de su juego interior (Nwogbo brutal y Coego MVP). Llegamos al refugio del último cuarto dos abajo 56-68 y pidiendo oxígeno.

Los finales apretados son nuestro terreno, paisajes más allá del bien y del mal, donde la voluntad va más allá del existir y pretende ser más, crecer, tocar el cielo con la punta de los dedos. La voluntad de este equipo vuela más alto que esa capacidad psicológica, aquí no hay juicios, ni existe el éxito y el fracaso, por eso nuestro equipo tiene esa facilidad para sobreponerse a los errores, para no dejar que te atormenten, para seguir en fragor de la batalla. La voluntad psicológica es un eco de un combate ya disputado en lo profundo fruto de la lucha y la cooperación de todos y cada uno de los órganos, y no hay mejor manera que expresarlo que con la zona asfixiante que nos propuso la pizarra de Arenas y que el público interpreto a la perfección  convirtiendo el pabellón en un olla a presión, que aprovecho el equipo para sobre el acierto de Alvaro Muñoz remontar un 58-70 con un palmeo en ataque de Van Wijck que puso un 70-70 en el marcador. Un mate de Juan Garcia empata otra vez a 74 y posesión para Clavijo y 2 segundos por jugar. Todos apostábamos por un prorroga pero la sucesión de los acontecimientos únicos permitió que hiciéramos una falta (tres tiros) suicida e innecesaria a falta de 0.78 segundos, los jugadores del Clavijo son hombres, y fracasan interpretando el mundo, meten el primero, pero tiran a fallar el segundo (pensaban que eran dos tiros) el tercero lo tira a fallar y víctima de su humano desconcierto invade la zona y el árbitro para el cronómetro y da saque de banda de banda al OCB con 0.71 segundos en el reloj. Cuando nadie creía nuestros súper-hombres se agarraron entorno a la esperanza de un tiempo muerto y se  sacaron de la chistera este alley-opp que hizo crujir los cimientos de la realidad y nos permitió vivir otro de esos momentos felices que forjan el destino del Oviedo Baloncesto fruto de la voluntad de poder.

Últimos instantes del partido

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