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Amaneció un viernes de calma y viento del sur después de la tempestad, mientras nuestros chicos del BA-LON-CES-TO viajaban hasta Pamplona, en Oviedo, ciudad de abolengo, los parados no paran, los chicos de SEDES que luchan por mantenerse en el filo de la navaja pujaban por su empresa (ofrecieron 1 euro) acompañados por los ahorradores estafados (ofrecieron los bonos que les ofrecieron a cambio de sus ahorros), los trabajadores de Cajastur y la gente de la Madreña (el otro fortín de Pumarín). Pujaban por lo de todos impugnando una hoja de ruta que solo nos ofrece un sin fin de lunes al sol.

Una vez en Pamplona, nuestro chicos del baloncesto, estrecharon lazos y afectos, y dejaron escapar con vida a un equipo que lo tiene muy complicado para salvarse del descenso, últimos de la categoría, nuestra visita les permitió tomar aire. La primera parte paso en un suspiro entre perdidas de balón, que le ofrecieron al equipo navarro la posibilidad de tiros extra y puntos fáciles con unos porcentajes muy altos, favorecidos por una defensa flácida. Pero no todo fue tumbarse  y ver pasar los días, en nuestro equipo destacaba Garret que impugna su destino aportando puntos y buenos minutos, y debutaba también nuestro nuevo fichaje Spasojevic, un 4 versátil y grácil con talento, que aprovechara estos dos partidos fuera de casa en terrenos amables para ponerse a tono y coger la forma de este equipo.

El segundo tiempo fue un pulso vibrante en el que los dos equipos se disputaban saber quien hacia más méritos para perder el partido, Cardenas no estaba por la labor, acabo el partido con 26 de valoración, ni Alvaro Muñoz que traiciono la hoja de ruta con triples estratosféricos ni tampoco Victor Perez que se mostró activo y presente en ataque (siempre es una amenaza para el otro equipo). El problema estaba en la defensa y el ritmo, tendencia que Guillermo intento solucionar desde la pizarra con dos bases y una defensa a toda pista inconstante, no funciono, no por relajación (eso es impensable en este equipo) si no por empatia, nos dejamos arrastrar por el ritmo cansino del equipo navarro que consiguió envolvernos en papel de regalo en el último cuarto, en un intercambio de canastas y errores que anestesiaron al público adormecido, que solo despertó en los últimos 50 segundos (se hicieron eternos) donde encadenamos despropósitos solo comprensibles desde el amor fraterno y la solidaridad con los que lo necesitan, y el Planasa Navarra lo necesitaba más que nosotros, y se noto, por que en ese último minuto suele ganar el que más hambre tiene y esos ayer no eramos nosotros, ayer estebamos a gusto, descansando al sol de invierno.

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