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Hace ya muchos años que en Oviedo no se veían unos playoff de ascenso a la ACB. De hecho, tal eventualidad solo sucedió una vez. Por aquel entonces, en 1988, el baloncesto era muy diferente al de hoy día. Casi toda la gente joven lo practicaba, lo que no sucede hoy día (lo que hace más importante la labor de cantera que está haciendo el OCB). En los pabellones, aunque cubiertos, la gente fumaba, y no solo tabaco en ocasiones (en ese aspecto se llevaba la palma el Polideportivo Magariños de Madrid, aunque recuerdo haber visto en el Trueba incluso a jóvenes fumando chinos). En la cancha, los entrenadores también estaban en ocasiones con la cajetilla (Manel Comas, que en paz descanse), y no solían vestir traje como hoy día.
Los tiempos muertos eran un espectáculo. Como hoy, la mayor parte de la gente no sabía hablar inglés, pero en aquellos años tampoco los entrenadores, con lo que los tiempos muertos parecían concursos de hablar por señas. Como los extranjeros no se enteraban de la misa la media, las instrucciones solían ser a los nacionales, a los que se les daba instrucciones tan técnicas como estas:

Además, los partidos no duraban por cuartos, sino por dos tiempos de 20 minutos, ya que los bares de los pabellones no solían vender palomitas o perritos, sino bebidas alcohólicas, que la gente se suministraba en cantidades industriales. A veces ir al baloncesto era como ir a un Derrame Rock pero con público más veterano. En la cancha si que se jugaba como ahora, 5 contra 5, pero los puestos eran mucho más fijos. Un base era un base y no escolta, y un pívot no salía a tirar fuera porque el reduccionismo era tal que era muchas veces incuestionable que las cosas tenían que ser como eran. En esos años el juego interior era clave, y a la gente, más que ver triples o rápidas transiciones, lo que le gustaba era ver tapones y, sobre todo, mates. Muchos mates. En Oviedo gustaban los mates, y Victor Anger el año del playoff, o Mike Giomi en el siguiente gustaban sobre todo por eso, aunque la envidia al máximo rival, el Lagisa, era tremenda al ver que ellos llegaron a fichar a un jugador llamado Phil Stinnie que de baloncesto no sabía mucho pero las metía para abajo como nadie.
Hoy en Oviedo mucha gente no se acuerda de los  Campoamor, Anger, Robinson, Lada, Astorgano, Moro… (a este último lo reconocí hace unos años como propietario de un negocio de copistería en Gijón) pero en esos tiempos de los que he hecho referencia, dieron mucho al deporte de la canasta para esta ciudad. Por segunda vez en la historia vamos a vivir algo parecido, y es por eso que los jugadores deberían estar tranquilos y dedicarse a disfrutar, porque lo que ya nos han regalado no se lo quitará nadie. Ni siquiera el mal sabor de boca de las cinco derrotas consecutivas puede empañar esta hazaña que, desde mi punto de vista, puede continuar. Porque es  difícil ganar una eliminatoria de playoff son ventaja de campo pero, en mi opinión, es posible.
Por varias razones:
-Tenemos una plantilla más larga que ellos.
-Muchos jugadores del equipo tienen una ilusión tremenda.
-No partimos como favoritos, lo que esta temporada ha jugado en nuestro favor cuando llegaba el caso.
-Porque quiero creerlo para poder ir como visitante a Palencia en una segunda ronda y llevar a los compañeros de esta emisora a comer al lugar con más cantidad de grasa por metro cuadrado a precios de comida económica.
-Porque Garrett debe contar un día a sus alumnos en EEUU cuando se dedique a la docencia (para lo que ha estudiado) que vivió algo como esto.

Por estas razones y muchas más hay que creer. Desde luego, el equipo solo necesita una cosa para volver a la senda de la victoria, y eso es retomar ese espíritu grupal de hace un par de meses. Que Cárdenas vuelva a jugar más en equipo, Bassas siga haciendo lo que sabe (que quizá sea poco, pero lo hace muy bien), Álvaro mantenga su intensidad (y que se juegue los triples desde la esquina), Víctor se sienta como en el Parnaso, Diego recupere su aura, Agustín siga con su papel de montonero en el que nadie le iguala, Fitzgerald nuestro sucedáneo de Nowitzki (y que me perdonen los profanos) sea nuestro desatascador en momentos complicados, Van Wijk vuelva a colarse por las puertas de atrás como hace unos partidos, Spasojevic no piense (cuando lo hace deja de ser balcánico)  sino que actúe, Héctor suelte su gancho con más confianza, Garrett la meta para abajoen las ruedas de calentamiento (sus dos mejores actuaciones fueron cuando en el calentamiento machacó con más ganas) y Juanjo corra y corra la pista y se apoye en los muelles que tiene por tobillos para llevarnos a lo más alto y que, como cantaba su compatriota Juan Luis Guerra, encuentre visa para un sueño. Adrián Macía estará escuchándolo desde la grada, o puede que desde su trabajo.
A por ellos.

ESTAIS TODOS INVITADOS A PASAROS POR NUESTRO ESTUDIO PARA DISFRUTAR DEL PARTIDO DEL AÑO.

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