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En Mayo de 1969 yo estudiaba en la Ohaio Wesleyan University de Delaware, Ohio. Allí dieron los Stooges un concierto muy importante que Iggy rememora en su autobiografía. Sin conocer a la banda, sólo por recomendación de John Sinclarir, contraté a los Psychedelic Stooges para una actuación de fiesta de fin de semana. El comité estudiantil había contratado a Blood, Sweat & Tears, lo que en mi opinión demostraba un gusto muy pobre. Me las arreglé para convencer a la universidad de organizar un concierto de MC5 a la noche siguiente, y así fue como los Psychedelic Stooges pasaron a ocupar la tercera noche. No había ninguna razón para presentar a los Stooges ante un abultado auditorio estudiantil. Faltaban meses para que se publicara su primer álbum, nadie había oído hablar de ellos. Pero John Sinclair era muy persuasivo y me prometió una actuación que destruiría la mente de quienquiera que la contemplase. No recuerdo si vendimos seis u ocho entrada, pero sí que no llegamos a las diez. Incluso cuando colgamos el cartel de entrada gratuita la gente pasaba de largo. Al final éramos unas veinte personas. Obviamente no habría dinero para pagarles, así todo decidieron actuar. Muchos años después sigo sin encontrar palabras para describir lo que vi. Quedé totalmente hipnotizado por Iggy. No había visto nunca a nadie moverse así; como la música, sus movimientos no tenían precedentes. A su lado Jim Morrison resultaba afectado, un aperitivo. Eran explosiones de movimiento, pero más fluido, y me atrevería a decir que más grácil que los espasmos a los que hoy se entrega.. Actualmente hay una relación pre-establecida con el público, pero entonces Iggy parecía seguro y completo en su concha de sonido, perdido en su propio mundo cuando bailaba. A veces me pregunto si su costumbre de lanzarse sobre el público es la manera que tiene de regresar al nuestro. Me quedé tan asombrado por Iggy que apenas preste atención a la banda. Al contrario que MC5, que llenaron sin dificultad un amplio escenario con sus montañas de Marshalls envueltas en banderas, sus vistosos trajes y su asalto total, los tres instrumentistas de Stooges parecían enanos, casi anónimos en sus tejanos y camisetas. Apenas movieron un musculo. No eran buenos músicos como los MC5, pero eso no importaba. Acababan entonces de grabar un álbum, y el repertorio consistió en cuatro o cinco enérgicas piezas y su proverbial freak out final. No pude distinguir una canción de ora. La música fue cruda y estridente, pero poseía un ritmo tan elemental que su original podía no estar en la historia musical sino en algo mucho más remoto, alguna memoria genética suprimida. El cantante estaba totalmente cautivado por ello. En un momento dado cogió el palo de la batería, cortante y afilado, y en un instante ausente empezó a cortarse con él el pecho. Lo hacía cada vez con más fuerza, porque la sangre empezó a hacerse visible resbalando por su torso. Yo estaba perplejo. Bueno, perplejo ya lo estaba desde hace varias canciones, o sea que estaba más allá de la perplejidad. ¿Cómo vas a estar preparado para algo así? El cantante no podía pensar en eso. Finalizó el concierto sin saber lo que había hecho. Más tarde se puso una camiseta blanca y los rastros de sangre empezaron a empaparla. No sé por qué, pero ver aquello me causo más impresión que verle lesionarse. No era nada comparado con el daño que más adelante se infringiría, pero ésta resulto ser la primera vez que hizo algo parecido. Menuda experiencia para ser la primera que tenía con ellos. [...] Ben Edmonds.

Iggy-Pop

Aprovechando la oportunidad que nos brinda la inminente visita a tierras ovetenses de la Iguana más conocida de la historia del mundo de la música, hemos sacado del baúl de los recuerdos un monográfico que teníamos bastantes ganas de resucitar: “Especial Iggy Pop & The Stooges”. Abarcamos en este primer volumen los tortuosos años iniciáticos del grupo, desde sus comienzos en la decadente escena de Detroit, hasta su primera grabación oficial para el sello “Elektra” en 1969. Un ditirámbico viaje radiofónico en compañía del padre del proto-punk”: herpes genital, sangre sobre el escenario y hemorragia musical a dolor… Search and destroy!


 

 

 

 

 

 

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