play off

Oviedo es una ciudad en la que se diría que nada sucede en domingo. Nada fuera de lo normal, por lo menos. Todo el mundo hace una vida normal y tranquila. La gente está en sus casas, los turistas van a beber sidra a la plaza del Fontán, los pavos reales campan a sus anchas por la calle Uría, la estatua de Woody Allen aparece de nuevo sin sus gafas, los politoxicómanos apuran sus cervezas de mediodía y las ancianas meriendan su chocolate con pastas en una de las confiterías del casco viejo. Además todos van esperanzados al Carlos Tartiere para volver habitualmente cabreados, bien con el equipo (casi siempre) bien con la grúa municipal, ese servicio de grúa que el consistorio podría plantearse alquilar a un equipo de Fórmula 1 para los cambios de ruedas. La deuda ovetense desaparecería en un santiamén, ya que nadie hay tan rápido como los gruistas de Oviedo.

Los científicos sociales relacionan todo tipo de absurdos para demostrar sus teorías. Yo me pregunto el porqué del flojo rendimiento del juego del Oviedo Baloncesto fuera de casa y hoy le echo la culpa a la grúa. Si, a la grúa municipal, ya que es esa velocidad de acción la que quizá excite a los jugadores de nuestro equipo. El efecto contagio del ambiente circundante siempre provoca que uno adquiera hábitos que no son suyos pero que ve en el día a día.

El caso es que, por el motivo que sea (para mi es la grúa) los jugadores del Oviedo Baloncesto salen acelerados en los partidos fuera de casa. El base llega a la carrera, haya superado una presión a toda pista o no, busca un bloqueo para penetrar y, si no, le da el balón a un alero cualquiera que, si no encuentra bloqueo para tirar, la mete dentro. Cualquiera de los tres, sea el base, alero o pívot, no se plantea más que acabar la jugada rápido, y apenas hay pases. Los ataques son veloces, y muchas veces mal organizados, con la esperanza de que quizá todo florezca a partir del caos. Es pues, esa velocidad lo que les hace fracasar en muchos de esos partidos, más que factores anímicos pues moral tienen de sobra (solamente hay que ver las remontadas habituales). Tampoco es el aspecto físico, ya que suelen acaban mejor que el rival. Tampoco es la concentración, no transmiten esa sensación en ningún momento (vale, aceptamos Burgos). Así pues, analizando todo, y viendo que las estadísticas no dan la clave, solo queda la velocidad, es decir, la influencia de la grúa municipal.

El partido empezó igualado. O sea, mal. Porque en este tipo de encuentros hay que comérselos desde el principio. Hubo alternativas. Ahora estás tu por delante, ahora lo estoy yo. Spasojevic que anota 7 puntos de sus 10 en estos primeros momentos pero el Barcelona con un parcial de 15-4 se marcha de 6 puntos en el marcador. Garrett y Bassas, que hacen muy buena pareja, y que no desentonan tanto fuera de casa (seguro que porque no tienen coche y no les afecta el factor grúa) consiguen devolver la ventaja al Oviedo (20-21) al final del primer cuarto. El segundo cuarto es un auténtico desastre para los nuestros que, tras no empezar mal del todo el cuarto, desaparecen del partido, y acaban llegando al descanso con una desventaja de 7 puntos, que podía haber sido peor de no haber sido por Héctor Macía. Hablábamos los comentaristas habituales de la radio sobre la necesidad de hacer algo diferente, jugar despacio. Lentos. Escapar del ritmo de la grúa municipal.

Estábamos jugando a 1000 kms. De Oviedo, y allí la grúa ,municipal carbayona no tiene jurisdicción (aunque a Javier Neira quizá no le importase tal eventualidad). La manera de escapar a ese ritmo es botar, y botar, y pasar, y pasar, a ser posible un mínimo de cinco pases. Imitando los consejos de Gene Hackman en Hoosiers cuando les decía a sus muchachos, futuros granjeros en su mayoría, que se pasasen la pelota más y más. Como si nos hubiese oído, Guillermo Arenas pareció entender esta premisa, y sacó a un Cárdenas hasta entonces desaparecido que, a partir de ahí, se hizo con el ritmo del partido. A base de pasar y pasar, la pelota llegaba a jugadores en posiciones mucho más cómodas, y los triples pasaron a entrar. Desde todos los sitios, de todas las maneras posibles. Garrett seguía sumándose a la fiesta y puede que hasta hubiese anotado un triple de haberlo lanzado. El Oviedo se marchó, con puntos de Víctor, de Álvaro, Kevin….todos anotaban gracias a la premisa de botar y botar, y pasar y pasar. La victoria al final fue más cómoda de lo que dice el marcador (75-83). Con 44 tiros en total, excluyendo los tiros libres se anotaron más puntos de los que promedia el equipo, que suele necesitar 60 tiros para ello. ¿El motivo?, que además de tener más tiros libres, porque cuando atacas con más inteligencia te hacen más personales, está en que haciendo las cosas rápido es más complicado que salgan. Salvo que seas la grúa municipal, claro.

 

2 thoughts on “Visteme despacio que tengo prisa. FC Barcelona 75 – 83 UF Oviedo Baloncesto

  1. Grúas, Oviedo y cosas que hacer un domingo. Gracias por la crónica deportiva y social.

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